Para empezar, está la edad ideal, que se desarrolla durante los 12 primeros meses de vida. Es cuando los niños tienen una mayor riqueza perceptiva (ya que aprecian un gran número de sonidos, fijan estructuras sonoras simples...). Comienzan a entonar, a expresarse de una manera particular. Me gustó mucho el ejemplo que nos dio el profesor que me hizo darme cuenta de a qué se refería: nos decía que no llora igual un bebé francés que uno alemán, ya que proceden de entornos entonativos muy distintos.
Seguimos con la edad gloriosa, que tiene lugar desde que el niño tiene un año hasta los seis. Comienzan por asignar secuencias verbales a contornos entonativos. Es cuando tienen mayor capacidad de imitación, pero hai que tener en cuenta que también es una etapa en la que olvidan las cosas fácilmente, por lo que la exposición a la lengua extranjera debe ser constante.
En relación con el tema de la imitación comparto este vídeo que me hizo mucha gracia. En esta niña de dos años, que ni siquiera sabe hablar, se puede apreciar una entonación muy similar a la del inglés de las canciones de blues.
La edad crítica está comprendida entre los siete y los nueve años. Es un período de reorganización perceptiva, el niño pasa de un tratamiento global a un tratamiento analítico.
A los diez años pasamos por el límite fatídico en el que se pierde la maleabilidad cerebral, la plasticidad de los controles motores, y se pierde capacidad de imitación.
A partir de ahí pasamos ya a la edad adulta (a partir de once años). Hemos visto en clase varias diferencias muy importantes en los adultos con respecto a los niños: utilizan la lengua inicial como referencia, necesitan reglas gramaticales, son más inhibidos, hay más bloqueos cognitivos...
En el próximo post compartiré algunos conceptos más que aprendimos en la clase de ayer :)

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